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Con motivo de las Jornadas de Ciencias Sociales y Humanidades Digitales celebradas en la Universidad de Granada los días 16 y 17 de diciembre de 2013 pedimos a todos los participantes en las mesas redondas que contestaran una serie de preguntas. Tras la entrevista con Vicente Luis Mora, publicamos la correspondiente a nuestro compañero Miguel Moreno Muñoz (@3afil) que participó en la mesa redonda “La docencia en un contexto de Ciencias Sociales y Humanidades Digitales” y que coordina el club de lectura «Tecnofilosofía».

Entrevista 

1) Perfil personal incluyendo referencia a la visión propia del tema y a los proyectos que se desarrollan.

En mi caso, prácticamente toda la trayectoria investigadora responde a un perfil interdisciplinar de epistemología y ética aplicada, que se consolidó en el proceso de elaboración de mi tesis doctoral (centrada en el debate sobre aspectos científicos, éticos, sociales y legales del Proyecto Genoma Humano). Esto significa que elegí un tema difícil de encajar en las prioridades típicas de los departamentos de Filosofía de comienzos de los años noventa, que requirió una codirección interdepartamental (Filosofía-Antropología y Medicina) y que terminó concretándose en una interacción muy estrecha con profesores de genética y microbiología, incluyendo una estancia investigadora en un laboratorio de Biología Molecular (el Cold Spring Harbor, de Long Island, NY).

Posteriormente, el seguimiento del debate sobre el impacto social de las biotecnologías me llevó a ocuparme del debate ético acerca de la investigación con células troncales, el desarrollo de la neuroética y la convergencia de tecnologías con fines de mejora de capacidades funcionales o cognitivas en humanos. En ese proceso fueron surgiendo incentivos para fortalecer otras áreas de interés relacionadas con la difusión del conocimiento en abierto, los valores ligados a la sociedad del conocimiento y el empleo de las TIC para la mejora de los procesos de enseñanza-aprendizaje y el fortalecimiento de los mecanismos de participación ciudadana en la vida pública.

Tras mi incorporación con dedicación completa al dpto. de Filosofía II de la Universidad de Granada, con docencia en Metodología de la investigación (Máster en urbanismo), Filosofía del Conocimiento (Grado en Filosofía) e Historia del pensamiento moderno y contemporáneo (Grado en Antropología social), he procurado implicar a los estudiantes en una dinámica de trabajo cooperativo que proporcione recursos y materiales de calidad difundidos a través del repositorio institucional de la ugr (DIGIBUG, para ser mejorados por estudiantes de las sucesivas promociones), además de incorporar de forma habitual en las dinámicas de trabajo múltiples aplicaciones y servicios web de utilidad educativa. Sobre todo aquellos (blogs, redes sociales, edición cooperativa) que permiten mejorar la comunicación horizontal y coordinar esfuerzos o mejorar la implicación en las actividades rutinarias.

Parte de estos intereses se canalizan ahora a través de un proyecto de innovación docente interdisciplinar orientado a la mejora de la plataforma moodle (vers. 2.4). Desde un punto de vista personal, considero prioritario elegir muy bien el soporte y las políticas editoriales de las revistas a las que dirigir nuestras publicaciones. La opción por el soporte electrónico y el acceso abierto, a través de las licencias creative-commons, me parece una conclusión lógica a la vista de cómo han evolucionado los debates sobre los valores ligados a las sociedad del conocimiento y los marcos reguladores de los derechos de autor en el ámbito anglosajón/UE. Prácticamente todas las publicaciones y materiales que he generado en los últimos años están disponibles a través de mi página web.

2) ¿Qué posibilidades plantean los medios digitales en la docencia de las Humanidades y las Ciencias Sociales?

Sin duda estamos ante una revolución tecnológica y cultural con posibilidades abrumadoramente más ambiciosas que la ocurrida con la invención de la imprenta. Esto se debe a la convergencia de soportes (texto, imagen, sonido/animación) en el formato digital y a la cobertura mundial –con diferencias dramáticas entre países y zonas económicas, por desgracia- de las redes digitales.

Pero puede apreciarse fácilmente la escala en la que nos situamos tecnológicamente si consideramos que la aportación revolucionaria de Copérnico fue posible, en gran medida, por la importancia que tuvo la difusión de los primeros textos impresos de astronomía matemática, a través de las imprentas alemanas de mayor calidad. El acceso directo a esos volúmenes le dio una mayor seguridad acerca de la importancia y exactitud de sus propios cálculos, y supuso quizás el estímulo definitivo para hacer público lo que sin ese contraste positivo habría podido retrasarse aún más.

El caso de Erasmo de Rotterdam es aún más ilustrativo. Pese a la valía y reconocimiento de su labor docente, decidió voluntariamente desvincularse de los sistemas institucionalizados de enseñanza para privilegiados, férreamente controlados en lo ideológico (y material) por la Iglesia católica u órdenes religiosas, y con estudiantes de las clases sociales privilegiadas. Concentró sus energías en difundir a través de la imprenta, y en lenguas vernáculas, lo que bajo criterios académicos convencionales habrían sido obras en latín accesibles para un reducido grupo de privilegiados. Si entendemos bien este proceso, parece inevitable adoptar cierta distancia crítica respecto de los criterios con los que se evalúa hoy la labor docente e investigadora del profesorado universitario, y los soportes a través de los cuales se nos exige hoy divulgar la producción intelectual (penalizando a quienes no lo hacen).

Si asumimos que la imprenta abarató en aprox. 200 veces el coste de los libros, resultado hasta entonces de la lenta y meticulosa labor de copistas, amanuenses, etc., podemos estimar el potencial de impacto y difusión que tiene hoy la distribución en soporte digital de la producción académica e investigadora.

De un modo exponencialmente más eficaz que la imprenta, las redes digitales permiten hoy dinámicas similares de acceso directo a múltiples fuentes de información, reduciendo tanto el coste como el número de intermediarios y facilitando un acceso sin tutelas al conocimiento, en línea con objetivos que suponemos compartidos por los responsables de las bibliotecas universitarias en todas las épocas.

Las ciencias sociales tienen hoy a su alcance herramientas de un potencial sin precedentes para contribuir al desarrollo de sociedades abiertas y libres. Internet y los múltiples servicios de comunicación e interacción social permiten implicar a millones de ciudadanos en una dinámica de aprendizaje, esclarecimiento colectivo y acciones coordinadas de extraordinaria capacidad transformadora. Sería temerario minusvalorar este potencial de transformación social y cultural, si tenemos en cuenta el efecto a largo plazo que, con medios mucho más modestos y en un contexto social culturalmente menos enriquecido, tuvo la labor renovadora de los grandes humanistas en el Renacimiento.

Mesa redonda sobre docencia y ciencias sociales y humanidades digitales.

 

3) ¿Qué valores tanto positivos como negativos plantean las diversas culturas digitales de nuestro tiempo?

Como investigador, el mayor potencial de las tecnologías digitales desarrolladas en los últimos años lo asocio con interconectar ámbitos del saber y de la investigación necesariamente relacionados, dada la complejidad y el alcance global de los problemas que desafían a las capacidades colectivas de nuestra generación. Una exigencia que suele canalizarse a través de entornos institucionales férreamente anclados en el pasado, que funcionan con una rígida compartimentación de áreas y que penalizan lo transdisciplinar. Sería deseable que esto cambiara por una razón distinta que la mera jubilación de quienes hoy acaparan los resortes de poder en las instituciones universitarias o en los organismos de investigación.

En términos de impacto social, es obvio que las tecnologías digitales permiten formas nuevas de modelar, simular y visualizar procesos complejos sobre diversos escenarios, con una riqueza de detalles y calidad sin precedentes. De entrada esto podría resultar muy útil en el diseño de políticas y procesos de toma de decisiones a todos los niveles. Pero sacar provecho de estas ventajas requiere simultanear procesos de alfabetización digital que pueden resultar muy complejos (software y hardware muy específico, múltiples lenguajes de programación, dinámicas interdisciplinares de creación y difusión de contenidos, profesionales con diversas trayectorias de capacitación científico-técnica, etc.). El coste de las licencias para experimentar y conocer las posibilidades de estas herramientas puede resultar prohibitivo.

Y, de momento, los procesos de toma de decisiones en cuestiones clave –adaptación al cambio climático, reforma de los sistemas de prestación de servicios sanitarios, reforma del sistema educativo, etc.- parecen muy alejados de la búsqueda de consensos no ideológicos o de promover actitudes responsables mediante un asesoramiento cualificado.

En línea con el desarrollo de nuevas posibilidades a través de las tecnologías digitales, van cobrando fuerza objetivos genuinos de la sociedad del conocimiento: difusión del conocimiento para el fortalecimiento de las capacidades de la ciudadanía –especialmente en un contexto de crisis económica y deterioro democrático acusados-; promover el acceso equitativo al conocimiento, a través de redes de alcance mundial y con recursos gratuitos de calidad –MOOCs-; reducción de la brecha digital, abaratando la producción cultural y eliminando intermediarios en el acceso al conocimiento; denuncia de las dinámicas de exclusión, apropiación indebida y mercantilización de lo que debería pertenecer al dominio público –servicios públicos esenciales, conocimiento generado en las instituciones y proyectos financiados con fondos públicos-; articulación de cauces para exigir transparencia y rendición de cuentas a quienes deberían gobernar guiados por el interés general.

Quienes hoy se dedican a la docencia y a la investigación tienen desafíos comunes a los intelectuales comprometidos y a los humanistas de todas las épocas: contribuir, desde su labor especializada, a promover la reflexión y la crítica social contra todo tipo de abusos, desigualdades y formas de exclusión. Y aprovechar todos los cauces y tecnologías a su alcance para promover nuevas formas de empoderamiento ciudadano y reducir la vulnerabilidad radical (alfabetización, educación inclusiva, acceso abierto a los beneficios del conocimiento y la cultura).

4) ¿Cuáles son los retos y oportunidades que afronta la educación universitaria (por ejemplo, vinculada a MOOCs, aprendizajes conectados, learning analytics, aprendizajes invisibles, iniciativas “Bring your own device”, entornos personales de aprendizaje, etc.)?

Quizás el elemento más corrosivo para las instituciones educativas –y para quienes se dedican a la docencia universitaria, en particular– tenga algo que ver con su pérdida inexorable de relevancia social, ante el surgimiento de múltiples instancias o fuentes de recursos que satisfacen expectativas ambiciosas de aprendizaje permanente y de cualificación técnica muy especializada, para sectores cada vez más amplios de la población.

Es previsible que los incentivos para la formación reglada y los múltiples programas de posgrado con enseñanza presencial vayan perdiendo interés. Al deterioro y masificación de los títulos universitarios se suman los efectos de las políticas de recortes, reducción y envejecimiento de plantillas. Un fenómeno amplificado por el proceso imparable de encarecimiento de los costes de matrícula y tasas, reducción alarmante de becas y aumento de los costes ligados al desplazamiento por estudios (alquiler, suministros básicos, sustento, conexiones y materiales formativos). Antes o después, las dinámicas de aprendizaje que las instituciones más innovadoras van ensayando –tecnológicamente mejor dotadas y con un ritmo acelerado de incorporación de capital humano- abandonan su estadio experimental y marcan o consolidan tendencias en el diseño de nuevos entornos de aprendizaje que las instituciones anquilosadas no pueden seguir.

Quienes consiguen adquirir un nivel medio de alfabetización tecnológica pronto desarrollan las habilidades necesarias para seguir itinerarios personalizados de formación, en los que la autonomía y la destreza para encontrar recursos especializados de calidad se refuerzan de modo continuo. Esto se traduce, en la práctica, en estilos, cultura de trabajo y habilidades de aprendizaje que chocan frontalmente con los que se siguen fomentando en la mayor parte de los entornos educativos. Basta considerar cuál sería la respuesta mayoritaria del profesorado universitario ante grupos de estudiantes dispuestos a usar de modo habitual sus propios dispositivos en clase (ordenadores portátiles, tabletas o smartphones).

En línea con lo que hicieron grandes pedagogos del Renacimiento como Jean Comenius, es hora de promover entornos de enseñanza-aprendizaje mucho más abiertos, dinámicos e innovadores, donde el juego, la experimentación y la colaboración constante en nuevos proyectos permitan conectar con las expectativas de los estudiantes y potenciar sus habilidades, implicándoles de maneras mucho más activas en todo el proceso formativo.

La integración en equipos interdisciplinares, y un nivel adecuado de alfabetización tecnológica, quizás pueda ser una buena forma de contribuir a detectar los valores que el humanista contemporáneo debería promover, si decide realizar su tarea desde el sistema de enseñanza superior. Pero este objetivo obligaría a revisar en profundidad los programas vigentes de formación inicial y continua del profesorado, y el tipo de prácticas que mejor puedan ayudarles a desarrollar las habilidades imprescindibles.

5) Propuestas para desarrollar en la Universidad de Granada y en el proyecto GrinUGR en este tema

  • Potenciar la creatividad y el libre flujo de ideas desde cualquier nivel del sistema educativo, incorporando nuevos cauces y formatos de expresión (aprovechando la convergencia de distintos medios tradicionales en el soporte digital).
  • Extender a los centros de enseñanza secundaria el acceso a los recursos electrónicos disponibles ahora sólo para los estudiantes universitarios, docentes e investigadores.
  • Enseñar nuevos modos de contar historias, de transmitir emociones y de analizar de modo crítico la realidad, acordes a las transformaciones estéticas y visuales inducidas por las tecnologías digitales. Es vital incorporar en la formación del profesorado modos más realistas y lúdicos de familiarizar a los destinatarios del mensaje con contenidos complejos (videojuegos, vídeo-documental, simulaciones filmadas de buenas y malas prácticas profesionales, etc.).
  • Dar continuidad y proyección al material que puede generarse como resultado del funcionamiento rutinario de las instituciones educativas (clases, seminarios, workshops, conferencias y debates con invitados destacados…).
  • Fuerte compromiso ético (activismo) con la promoción del conocimiento interdisciplinar de dominio público, frente a las aberraciones de los actuales sistemas de compartimentos estancos en la áreas de conocimiento que terminan cediendo el copyright sobre los resultados de la investigación financiada con fondos públicos a grupos y corporaciones editoriales con ánimo de lucro.
  • Criticar hasta la extenuación la burocratización esterilizante y la multiplicación de infinidad de rutinas y procedimientos de control o evaluación innecesarios, que conllevan una pérdida inaceptable de eficacia de las instituciones y la trivialización de cualquier esfuerzo creativo.
  • Denunciar la atmósfera de anoxia generada por la dinámica académica tradicional, muy dependiente de sistemas de evaluación sesgados y obsoletos (sólo producción investigadora, cauces formales e índices de impacto, con total sumisión a las pautas institucionales anglosajonas pero sin la continuidad del respaldo financiero a la docencia e I+D con que cuentan aquellas).
  • Potenciar los canales de comunicación susceptibles de responder con rapidez e inmediatez para la difusión de ideas originales y resultados de los proyectos de investigación.
  • Entender las consecuencias de la autoedición y su alcance, con las herramientas hoy disponibles, para reducir en lo posible el número de intermediarios entre autores y lectores o espectadores. En ninguna época la humanidad ha tenido a su alcance los medios disponibles hoy para difundir contenidos enlazables y accesibles fácilmente a través de los motores de búsqueda habituales, sin limitación de coste ni de barreras físicas, por cauces formales o informales.
  • Las instituciones universitarias deben consensuar con claridad cuál es su nivel de compromiso con la difusión del conocimiento y la cultura de dominio público, en medio de la tendencia dominante a patentar y convertir cualquier idea en mercancía, como correlato de un proceso paralelo de privatización de los servicios públicos esenciales.

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